KARMA

 

—«Te llamaré Karma», —Dijo la madre nada más ver la cara de aquel bulto que asomaba a la vida, de difícil descripción por el momento, depositado sobre su pecho con el cordón umbilical aún latente, los ojos como dos rayas intentando abrirse a la luz, las manos cerradas, el cuerpo encogido conservaba aún la posición fetal, y así fue como a través del tiempo un ser inocente cargó con las culpas de un mundo desconocido del que no era responsable…

A la hora de cortar el cordón umbilical, un rayo de luz se coló por la ventana yendo a parar al entrecejo de la niña. Todo el cuerpo tensado hasta ese momento quedó relajado, los ojos se entreabrieron, las comisuras de su pequeña boca se alzaron en un esbozo de sonrisa, sus manos se abrieron como en ofrenda al universo.

—Serás la energía generadora de los buenos actos de las personas. —Recitó la madre desde la más profunda emoción.



Las mujeres que ayudaron en el parto se miraron con deje de sorpresa quizá pensando al unísono que, aquel nombre era una carga demasiado pesada para una criatura; debería vivir soportando el peso de las acciones ajenas…no alcanzaban a ver lo injusto de la decisión de la madre…

El nombre puede ser una carga letal o redentora dependiendo del origen que traiga asociado. Existe la creencia de que el tributo al aceptar el nombre de un antepasado es cargar con todo el arsenal del mismo…no es conveniente echar a los hombros de una nueva vida todos los escombros de las que le precedieron, y, mucho menos lo es, querer que cargue con las de una enterita humanidad deshumanizada…



—¡Karmaaaaaaa! ¡Ven aquí! 

Karma iba y venía con cada llamada sin saber siquiera para que era reclamada…

Karma fue espía, médico, tejedora de sueños, cuentacuentos, mercenaria, salvavidas, mentirosa…y una amplia lista de cosas más…

Hasta que una mañana decidió llevar a término todo aquel disparate. Aquel momento de la decisión final fue el de cambiar de nombre…no estaba dispuesta a arrastrar más aquella vida impuesta.

Consiguió despojarse de todas las pieles que habían cubierto su ser, tirarlas por un terraplén, hacerse a la vida, su real vida, sin cargas ni cargos, libre ya de las cadenas de un nombre que nunca se avino a su propia idiosincrasia…



Tras el papeleo burocrático, infinito, que hubo de soportar, cambió su marca por la de Moksha cuyo significado es:

«La liberación del hombre de las ataduras del karma».

«El karma no es otra cosa que la responsabilidad de tus actos, cuida de ellos; haz que sean tan leales y legales que no te avergüence lo que tus enemigos puedan decir sobre ellos, y, así, asegurarte una buena reencarnación». —Esto, si crees realmente en que tales cosas existen—.



























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